Esta semana estuve en CES, el evento de tecnología de consumo más importante del mundo, donde se presentan las ideas y productos que van a dar de que hablar todo el año en todas partes.
Este año, como siempre, nos encontramos con amigos que hemos conocido gracias a la tecnología, algunos que ya son parte de la familia que uno escoge, aprendimos, compartimos experiencias y conocimiento, y recordamos que Stabucks Mobile Order es uno de los mejores inventos de la historia.
El primer día en la noche, fuimos invitados por NVIDIA al keynote de su fundador y CEO, Jensen Huang, que presentó productos y servicios que aunque no lo sepas son parte de tu vida de todos los días (presente en tu PC, tus consolas de juegos, el carro que manejas, en los servicios digitales que consumes).
Huang dejó para el final un proyecto que nos dejó a todos con la boca abierta, (volteaba a ver la cara de los demás y no estaba solo, realmente había gente con la boca abierta) más que por la presentación con un poco más de una decena de robots apareciendo en la pantalla de fondo, sino por el contenido que nos mostraba a los presentes en el Michelob Ultra Arena, específicamente NVIDIA Cosmos.

No es solo un modelo de código abierto ni una pieza más en la caja de herramientas de la inteligencia artificial. Es una plataforma revolucionaria que lleva la IA física a un nuevo nivel. Con la capacidad de generar datos sintéticos hiperrealistas y basados en la física, Cosmos está diseñado para entrenar robots y sistemas autónomos como si estuvieran viviendo en el mundo real. Piensa en un robot en un almacén organizando inventarios con precisión quirúrgica, o un vehículo autónomo tomando decisiones en milisegundos para evitar un accidente. Este es el tipo de futuro que Cosmos está construyendo.
Pero vayamos más lejos. Imagina un robot cargando cajas en un centro logístico. La simulación que entrena a ese robot no solo tiene que ser precisa; debe anticipar las variables del mundo real, desde un piso resbaloso hasta un humano que se cruce inesperadamente en su camino. Otro ejemplo: un taxi autónomo que usa datos generados por Cosmos para navegar por calles llenas de peatones, bicicletas y vehículos sin conductor. Cada decisión, cada acción, está respaldada por modelos que no solo entienden el mundo, sino que pueden predecirlo…y si lo puedes predecir, quizá lo puedes cambiar antes de que pase. Muy poderoso.
Ahora, no nos dejemos llevar solo por el entusiasmo tecnológico. Hay que hablar de lo que llaman “el elefante en la habitación”: la parte humana. La tecnología, en su esencia, está aquí para servirnos. Pero también debemos ser conscientes de los posibles riesgos. Desde el desplazamiento laboral hasta la dependencia excesiva, hay retos que no podemos ignorar. Sin embargo, también están las ventajas evidentes: mayor seguridad, eficiencia y tiempo para dedicarnos a lo que realmente importa. Esto es lo que hace que la humanidad siga siendo el centro de esta revolución.
En este punto, es imposible no recordar las Tres Leyes de la Robótica de Isaac Asimov: reglas aparentemente filosóficas, pero que, en el fondo, eran advertencias de un visionario. La tecnología sin humanidad es solo una herramienta vacía. Asimov nos alertó sobre la necesidad de crear sistemas que protejan y beneficien a las personas, no que las sustituyan o pongan en riesgo. Sus ideas son más relevantes que nunca, y Cosmos es un recordatorio de que debemos avanzar con responsabilidad.
NVIDIA Cosmos, conceptualmente, es un paso monumental en la tecnología y un testimonio del ingenio humano. Pero para que sea realmente un éxito, debemos asegurarnos de que “ser humano” siga siendo el factor fundamental de esta ecuación. La pregunta no es qué puede hacer la tecnología, sino cómo puede hacernos la vida mejor y más fácil a todos. Solo entonces, plataformas como Cosmos no solo serán un logro técnico, sino también un triunfo para la humanidad.